miércoles, abril 26

La verdad oculta tras las mentiras

Revelan que en promedio se dicen tres falsedades al día

Azael Rodríguez
Monterrey, México (25 abril 2006).- Las hay blancas, piadosas, malintencionadas y hasta compulsivas, pero nadie puede asegurar que no las ha dicho jamás. Se trata de las mentiras, las condenadas por el octavo mandamiento y castigadas en todas las culturas y sociedades en distintas formas y proporciones.

Es tanta su presencia, que hay expertos como el psicólogo Ernesto López, que aseguran que las personas mienten en promedio entre 2 ó 3 veces al día, lo que convierte a la sociedad, sí, en una sociedad de mentirosos.

"Resulta que en cualquier área de la conducta humana mentir es importante. Somos una sociedad de mentirosos", afirma López, catedrático de la Facultad de Psicología de la UANL.

La percepción general es que la mentira es cada vez más frecuente, lo cual pudiera deberse a una cuestión de competitividad, considera el especialista.

"Sobre todo en sociedades muy competitivas en las que las personas se manipulan unas a otras, en las que es necesario abrirse paso a través de otras personas, es necesario mentir", dice.

En su página emotional-literacy.com, el psicólogo clínico especializado en las emociones, Claude Steiner, asegura que en esta era de información, el acto político más significante es mentir, pues implica ocultar o modificar aquello que los demás quieren saber, un conocimiento que a su vez es fuente de poder.

Cuestión de complejidad

Para la psiquiatra Flora López, las mentiras siempre han existido, y si parecen abundar más ahora, se debe a que cada vez las comunidades están formadas por más individuos, y las mentiras se hacen más perceptibles.

"Entre más pequeña sea una sociedad y sus habitantes tengan un mejor desarrollo, menos problemas de este tipo habrá; entre más amplia sea la sociedad, obviamente hay muchísimas más posibilidades de que se dé la mentira, por la interacción de las personas en un medio mucho más complejo".

Además, dice, los medios y la tecnología hacen más visible el engaño, pues ponen rápidamente al tanto a la sociedad de quién hizo qué, como ha sucedido con los videos que delatan las estafas y malos manejos de políticos.

Represión de la honestidad

Aunque algunos padres piensen que no enseñan a decir mentiras, de maneras sutiles, y a veces no tan sutiles, muestran a sus hijos diferentes maneras de reprimir su honestidad, dice la psicóloga clínica Frances Stott, del Instituto Erikson en Chicago, en la revista Parent & Child.

"'No me gusta esto', dirá una niña del regalo de la abuela. 'Guácala', dice el niño de la comida que no sabe bien. Los adultos enseñan lentamente a los niños que este tipo de honestidad no siempre es bienvenida, que hay una fina línea entre decir la verdad y no lastimar a otra gente", indica.

Simplemente cuando alguien pregunta "¿cómo te fue?", y se responde siempre "bien", pese a haber tenido un mal día, se habla de una mentira social, coinciden los psicólogos, pues muchas veces se tacha de pesimista a quien admite su insatisfacción.

Pero la situación no es como para sentirse culpable, pues hay investigaciones que muestran que mentir tiene un rol positivo en el desarrollo normal del niño, asegura Stott.

"Habilidades humanas esenciales –independencia, perspectiva de las cosas y control emocional– son las mismas que permiten a los niños mentir".

Asimismo, la inteligencia práctica demanda, para ascender en el ámbito laboral o tener éxito social, que seas un buen mentiroso, considera López.

"Es importante saber mentir. Si tú le dices a tu hijo: 'No mientas jamás', nunca va a adquirir esa habilidad, ni va a poder enfrentarse a un mundo de mentiras".

Enfermo de engaños

Como en todo, cada quien debe encontrar un balance para que las mentiras mantengan una función moderadora en la sociedad, y no se conviertan en un padecimiento, en el sentido estricto de la palabra.

"La culpa es la principal complicación", dice el psiquiatra Gerardo Villanueva, "y cuando una persona siente culpa, ésta genera ansiedad.

La ansiedad tiene manifestaciones físicas: aumenta la frecuencia cardiaca, hay sudor frío y un aumento de la presión arterial.

"Por mayor tensión puede haber dolores musculares, hay mayor secreción de ácido gástrico, entonces eso puede provocar úlceras y/o gastritis, y un mal descanso, no se relaja la persona, y puede haber insomnio", agrega.

Miedo, desgaste mental y físico, irritabilidad, y hasta afecciones respiratorias y cardiacas, son otros males que pueden afectar a quien hace de la mentira un modo de vivir, consideran expertos en la red, aunque estos dos últimos males sólo se acentúan en quienes ya tienen predisposición a ellos, considera Villanueva.

Sin embargo, estos padecimientos sólo afectan a quienes mienten por evitar un mal u obtener un beneficio, explica, pues quienes padecen una patología, como los mitómanos, realmente creen sus mentiras, por lo que no manifiestan reacciones físicas.

Más allá de los males o los beneficios que se puedan señalar en las mentiras, los expertos, como López Alvarado, no vislumbran un mundo totalmente honesto.

"Si la pregunta es '¿siempre existió la mentira?', sí", dice la psiquiatra, "existe y seguirá existiendo, porque es parte de la condición humana".
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