viernes, abril 21

Tiene bajo tierra su residencia

Enfrenta calores y fríos Jesús Morales Camarillo en colectores pluviales, que convierte en su casa

César Cepeda

El hombre mira con desconfianza a los extraños.

"Aquí dentro vivo yo", señala con su dedo índice.

El hombre prende con un cerillo un quinqué que carga en su mano izquierda, inclina su delgado cuerpo y se sumerge en lo que ha sido su techo desde hace tiempo: un ducto del drenaje pluvial de la Ciudad.

El hombre se desplaza en el túnel con la normalidad que uno lo haría en la sala de su casa.

La escasa visibilidad y lo estrecho del tubo no es impedimento para él.

"Ahí", indica con su mano iluminada con la luz, "hay una varilla suelta. Tengan cuidado".

El hombre prosigue y conforme avanza la luz tenue que proyecta su quinqué vislumbra las condiciones del pasillo. Las paredes están húmedas, hay varias filtraciones de agua, emana en el lugar un olor fuerte, penetrante, y el techo está tiznado de negro.

Hay una cobija en el suelo, un cobertor, una almohada, una silla, una mesa deteriorada, un pedazo de madera, unos pantalones y algunos artículos personales colocados en la tierra.

A un lado, en el suelo, también hay unas piedras y una pala.

"Es para la hora que se haga un tiro", explica.

Estamos justo debajo de Constitución, en un ducto de drenaje pluvial que conecta el Parque Fundidora con el Río Santa Catarina.

El hombre se llama Margil de Jesús Morales Camarillo. Dice tener 46 años. Cuenta que tiene 20 años viviendo en la calle como indigente desde que empezó a perderse.

-¿Qué es lo más difícil de vivir aquí?

-Nada. Yo me siento mejor aquí que afuera. Si por mí fuera, yo aquí estaría siempre.

-¿Y cómo le haces con el calor?

-Aquí no hace frío ni hace calor. Cuando están los fríos afuera con ma..., aquí ni en cuenta. Cuando están los calores, ni en cuenta.

-¿Y las ratas?

-No hay. Lo que sí salió la otra vez fue una víbora. Me sacó un ped...

Desde hace 6 años, no de forma continua, este hombre ha hecho del drenaje pluvial de Monterrey, pese a los riesgos, su lugar para vivir. Hace 5 años estuvo a punto de morir cuando el nivel del Río Santa Catarina subió por unas fuertes lluvias y la corriente lo arrastró hasta el paso vehicular de Fundidora y fue rescatado por Protección Civil.

"La otra vez me tuvieron que sacar los socorristas. El agua subió mucho y casi me llevaba. Hay un señor allá arriba que me salvó".

Hubo un tiempo que Chuy, como lo conocen, tuvo una época en la cual tuvo trabajo. A veces de mesero, a veces de operador en una maquiladora, o cuidando un rancho y conseguía para rentar un cuarto y comer bien.

Pero el alcohol, como siempre, lo tiraba todo al borde.

"Es más fácil que alguien te invite una cheve a que alguien te invite una botana".

"Lo más que te puedo dejar de tomar son 15 días. Esta semana no tomé y esta semana que viene se me hace que sí".

De su familia prefiere no hablar.

"Éramos 3 hermanos, me queda uno, que ni lo veo ni me ve. El otro salió igual que yo y murió de alcohol".

En el lecho del Río Santa Catarina, Chuy tiene habilitada una choza de cartón, donde prende una fogata para calentar su comida. Vive de la caridad y ocasionalmente lava coches.

"A veces amaneces con el pie izquierdo, pero a veces te tropiezas con ese mismo pie. La regaste más de lo que debías y yo la verdad no supe hacerla en esta vida".
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